lunes, 10 de enero de 2011

Un guerrero de Cristo: Alejandro Solalinde

“Tuve hambre y me dieron de comer,
tuve sed y me dieron de beber,
fui migrante y me hospedaron”.
Mateo 25:35
Tiene un apellido singular que desde diciembre no ha parado de sonar en los noticiarios de radio y televisión al mismo tiempo que aparece en todos los diarios, tanto de México como en los despachos de las agencias de noticias.

Es José Alejandro Solalinde Guerra, un sacerdote diocesano que desde hace un lustro defiende, orienta, socorre y alimenta a miles de centroamericanos que pasan por Oaxaca, en su camnio rumbo a Estados Unidos.

Su notoriedad reciente nació de la denuncia del secuestro de 50 migrantes en diciembre en la comunidad de Chahuites, un secuestro negado por las autoridades locales pero que desató una crisis diplomática con los países centroamericanos, sobre todo después del horror que fue la matanza de San Fernando, Tamaulipas.

Hiram Moreno / La Jornada
Sin embargo, sus denuncias no son nuevas, lleva años haciéndolas. Sólo que esta vez tuvieron más eco, mejor fortuna, mayor visibilidad.

Desde 2006 como coordinador del Comité de Movilidad Humana del Istmo, Solalinde y su pequeño equipo de colaboradores (Arelí Palomo, una joven voluntaria y David Alvarez, el coordinadordel albergue), se la pasan recogiendo donativos para medio alimentar a los cientos de migrantes que cada semana pasan por Chahuites.

Ahí, bajo el intenso sol del istmo, Alejandro Solalinde ha soportado el acoso de autoridades municipales hostiles, de vecinos que no quieren a los migrantes y, lo más grave, de los políticos corruptos y la delincuencia organizada que comercia con los migrantes.

Ellos no son una mercancía, son personas, reclama el padre, de tez blanca, frente amplia y unos ojos amables detrás de las gafas inseparables.

Solalinde incluso fue detendio y golpeado, ha sido acosado por el Instituto Nacional de Migración y las autoridades del municipio de Ixtepec por su trabajo.

Integrante de la diócesis de Tehuantepec, Alejandro Solalinde fundó el 26 de febrero de 2007 el albergue Hermanos en el Camino y ahí se atrinchera en su fe, en su cristinianismo, para emular la historia de Jesuscristo y defender a los centroamericanos que paran en Ixtepec, en el camino del tren rumbo a Veracruz y México.

Solainde afirma que la migración tiene sus propias leyes, que ni los muros, ni la violencia, ni la extorsión, ni los Zetas, la van a frenar, pero también ve a los migrantes como un nuevo tipo de héroes que están escribiendo historia y que quizá, como él sueña, algún día en Estados Unidos y en México se les erija un monumento en su memoria.

Hoy hay 20 mil secuestros al año, tan sólo pronunciarlo parece mentira, 20 mil secuestros al año, que le dejan a policías judiciales y municipales corruptos, a zetas, maras y demás plagas decenas de millones de pesos producto de la extorsión, el robo, el secuestro, la violación.

En medio de esa penumbra, el trabajo de Alejandro Solalinde Guerra es una esperanza, es un testimonio de fe en la vida, en el ser humano, en que podemos ser mejores si lo cuidamos y cuidamos a quienes como él trabajan así por la vida.

En honor de Solalinde. Va por él.

RADIOGRAFÍA para el lunes 10 de enero
por Héctor Zamarrón



http://cronicasperiodisticas.wordpress.com/2010/01/31/el-tren-del-infierno/


1 comentario:

Anónimo dijo...

Dios lo bendiga, sabemos como mexicanos lo que le puede pasar, pero rezo porque siga con su lucha por la gente menos afortunada!