lunes, 10 de agosto de 2009

Raquenel Villanueva

Viva era imposible ignorarla. Era una penalista temible en los juzgados de Nuevo León y una controvertida defensora de personajes acusados de narcotráfico, delincuencia organizada, homicidios y secuestros.

Pero a partir de su asesinato, este domingo 9 de agosto, Silvia Raquenel Villanueva se convertirá en un personaje legendario, que fatídicamente hará honor a la historia que le dedicó el cantautor de narcocorridos Beto Quintanilla.

Al iniciar su carrera como abogada trabajó en la Procuraduría de Justicia estatal, primero como actuaria en una sala penal y luego como secretaria de un juzgado familiar. Ahí aprendió el camino que la llevó a su muerte prematura.

Aunque hablar de prematura suena extraño en el caso de esta abogada regiomontana que hasta ayer había sobrevivido a cuatro intentos de asesinato en los que, como ella misma describía, había recibido dos tiros de gracia en la cabeza, un disparo que le colapsó un pulmón, un tiro en el estómago y varios más en las piernas.

Nacida un 26 de junio de 1954, en Monterrey, Nuevo León, Raquenel Villanueva fue la segunda de una familia de seis hijos, que pretendía ser química, pero que terminó de abogaba penalista y cuyo primer caso litigado, en donde consiguió liberar al novio de una amiga acusado de transportar una tonelada de mariguana, le atrajo de inmediato el éxito entre presuntos narcos.

Y de ahí no paró: entre sus clientes se cuentan un empresario acusado de ser el cerebro financiero del cártel del Golfo, Carlos Reséndez, lo mismo que testigos protegidos que ayudaron en el proceso contra el íder de ese cártel, Juan García Ábrego, o sospechosos vinculados con el cártel de Sinaloa y con los “Zetas”, lo mismo que el ex coordinador de Seguridad Regional de la Policía Federal, Javier Herrera Valles y hasta Diego Santoy, el multihomicida regiomontano.

Así fueron sus casos, tan polémicos como ella misma. Visitante común de los medios de comunicación e incluso retratada por el New York Times, en noviembre de 2008, en un extenso perfil en donde describían a detalle sus oficinas adornadas con 19 crucifijos, dos figuras de ángeles y los teléfonos y las copiadoras que incesantemente trabajaban para desahogar los procesos de sus representados.

Para algunos será siempre la “abogada de los narcos”. Para otros, una mujer valiente que enfrentó el machismo imperante en la justicia mexicana, una madre soltera que eligió un camino complicado en la vida.

Cualquiera que sea la lectura de su carrera, lo cierto que su vida terminó ayer, pero su leyenda acaba de comenzar... ya lo veremos.

Hasta la próxima.

RADIOgrafías para el lunes 10 de agosto de 2009

por Héctor Zamarrón

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