lunes, 6 de septiembre de 2010

Hoy toca Germán Dehesa

Fue el más activo, el más comprometido, el que más periódicos vendía, el que permaneció más tiempo como "microempresario" -como horriblemente bautizó el periódico Reforma a los voceadores improvisados que le ayudaron a vender su edición en 1994 cuando la Unión de Voceadores se negó a hacerlo.
 
Desde entonces unió su talento a ese diario y desde entonces su columna cotidiana nos acompañó de lunes a viernes en la portada de la sección Ciudad, su  infaltable Gaceta del Ángel, donde nos contaba sus tribulaciones de hombre común, bueno de hombre de letras común.
 
Por supuesto que se trata de Germán Dehesa, el columnista más leído de Reforma y u personaje ilustre de nuestra vida cultural.
 
Nacido en 1944 y muerto la semana pasada, a los 66 años de edad, víctima de cáncer, Dehesa era también el chilango más conocido, aficionado a los Pumas, director y autor de Teatro, desde aquellas memorables sátiras políticas de los noventa Zedilleus, Tapadeus, hasta su paso por la Television y la radio local que lo volvieron una celebridad en la sociedad de la capital del país.
 
No dejó una obra vasta expresada en libros u obras imprescindibles, pero su labor cotidiana como escritor, periodista, maestro de escuela, conferencista, conductor de medios, consejero editorial, comentarista deportivo y ajonjolí de cuanto mole se le cruzara enfrente lo hicieron imprescindible en los últimos años.
 
Bohemio, aunque su aspecto de padre o abuelo de familia desorientara un poco, las noches musicales que nos regaló junto a Caíto y Adriana Landeros -su rubia misteriosa y compañera de años- fueron memorables, lo mismo que las sesiones de poesía recitando a Sabines, sobre todo Sabines.
 
Cuando lo invitaron a escribir en Reforma, las páginas editoriales ya estaban ocupadas y le ofrecieron una pagina adicional, así que él propuso mejor irse a otra sección donde aunque estuviera solo, por lo menos se sentiría mejor ubicado. Así fue como su columna Gaceta del Angel encabezó Ciudad durante más de 16 años.
 
Ahí narraba sus desencuentros, enfermedades, causas, su vida cotidiana, sus andanzas sin fin, lo mismo con su hija Juana Inés que con otros personajes consagrados en sus líneas.
También le sirvió de ariete para cuestionar duramente a políticos como Montiel a quien le espeto en la cara sus excesos.
 
Hace una décdada su cuerpo le aviso que no estaba bien, que acusaba lo síntomas de una vida difícil, sufrió entonces un infarto que en vez de doblarlo lo llevó a contar a detalle su odisea en un libro titulado Fallaste corazón.
 
La víspera de su muerte casi, él mismo dio a conocer públicamente la enfermedad que lo mató, sin drama más bien con sorna, con esa acidez que lo caracterizó para emitir juicios rápidos, certeros que lo hicieron tan preciado en la radio.
 
Hoy, como citaba su editor René Delgado, se fue Germán pero nos dejó su ángel, descanse en paz.

(Radiografías para el lunes 6 de septiembre de 2010, por Héctor Zamarrón)

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