lunes, 13 de septiembre de 2010

Damián Alcázar, tarde pero seguro

Su historia es la de un actor de teatro que a sus 32 años de edad revisó su carrera y decidió probar suerte en el cine, con tal éxito que dos décadas más tarde ganó no uno, sino siete arieles, el máximo reconocimiento en México, y se convirtió quizá en el actor más conocido del país.
Es por supuesto el michoacano Damián Alcázar, nacido en Jiquilpan, Michoacán, en 1953 y que con una carrera iniciada relativamente tarde ocupa las principales pantallas de cine desde la semana pasada y con un público que crece gracias al boca en boca,
Con El Infierno, quizá la única de las seis películas mexicanas de temporada que ha tenido éxito, Alcázar vuelve a formar mancuerna con el director Luis Estrada, en esa trilogía informal que inició con La ley de Herodes, continuó con Un mundo maravilloso y ahora prosigue con esta exitosa producción.
Su versatilidad le da para interpretar lo mismo a un político corrupto, un sacerdote guerrillero, un malvado príncipe en una historia de aventuras o un violador de niños y un héroe de la revolución.
También puede ser la voz de Sirius Black o uno de los perros de Up, la película de Pixar, pues el doblaje es otra vertiente explorada por Alcázar quien incluso se dobla a sí mismo en la versión en español de El príncipe de Narnia.
Damián Alcázar entró a estudiar teatro también ya tarde. Tenía 23 años cuando ingresó a la escuela de teatro de Bellas Artes, antes de mudarse a Veracruz, en Jalapa, donde a sus 28 años comenzó a abrirse paso en el teatro universitario, desarrollando a sus personajes formativos.
Con su estatura de 1 metro con 68 centímetros, Damián Alcázar tiene grandes entradas en el pelo que lo caracterizan, junto con una sonrisa que puede ir de la ternura a la ironía en instantes, cubierta por un espeso bigote que lo hace inconfundible. Bajo unas cejas pobladas que enfatizan su mirada, hay un actor de rostro afable conocido como un arquetipo ya.
Cuando no está en filmación, a Damián Alcázar se le puede ver caminado apaciblemente por las calles de San Miguel de Allende, uno de sus pueblos favoritos donde es casi imposible no topárselo bebiendo café o conversando con los lugareños.
Su cumpleaños número 57 lo va alcanzar cuando le preparan un homenaje en Europa, en Italia, donde se programó una serie de sus películas como parte del Festival de Cine Latinoamericano de Trieste.
Suerte parecida ha corrido en Cartagena, en Miami, en Valladolid, en Montecarlo, en San Sebastián, con reconocimientos a su calidad como actor y quizá lo mismo opinen miles de personas que han disfrutado sus guiños y actuaciones en las salas de cine.
Por eso no extraña que directores como Gabriel Retes, Carlos Bolado, Felipe Cazals, Jorge Fons y Miguel Littin, entre otros, le hayan propuesto trabajar en sus películas e incluso que haya rechazado hacerlo con Mel Gibson, pero no menos cierto es que Damián Alcázar también tiene ideas firmes sobre la sociedad.
Crítico, tanto como alguno de sus personajes, Damián es implacable con la política mexicana, la pobreza y el desempleo que observa por todas partes, pero se da tiempo también para filtrar una esperanza entre tanto pesimismo.
Desde la izquierda, Alcázar opina y resulta incómodo en muchas ocasiones pero sus convicciones no lo han apartado de la escena mexicana, aunque no haya dejado de tomar proyectos en el extranjero.
Para concluir, la recomendación es no perderse El Infierno, la película, por supuesto, y seguir la trayectoria de este actor, orgullo mexicano.
Hasta la próxima.
(Radiografía para el lunes 13 de septiembre de 2010)

PD. En octubre de 2014, Damián vuelve a las pantallas con otra película de Luis Estrada, La Dictadura Perfecta, en el papel estelar de Carmelo Vargas, un gobernador corrupto en busca de la Presidencia.

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