lunes, 15 de febrero de 2010

Esther Seligson

Un obituario es también un descubrimiento. Es la oportunidad de rastrear los orígenes de alguien que por alguna razón te interesó sólo hasta que supiste de su muerte.

Ese es mi caso con Esther Seligson, escritora mexicana como pocas. Culta y exigente, Seligson fue autora de una obra breve pero profunda, cruzada por todos sus intereses que, en su caso, iban del teatro a la astrología, de la mitología al ensayo y de Cioran a la poesía.

Seligson murió la semana pasada. De forma prematura pues nacida en 1941 tenía 68 años al momento de su muerte, cuando un infarto la mató aún en plea creatividad.

Integrante de una famlia judía ortodoxa de emigrantes, Esther Seligson estudiaba química en la UNAM cuando en plenos años sesenta se dio cuenta que sus intereses iban hacia la literatura y por eso decidió cambiar de carrera. Egresada de letras francesas y españolas, Seligson siempre tuvo una relación ambivalente con su cultura judía.

Primero renegó de su origen en un gesto de autoafirmación  que terminó al darse cuenta de la riqueza cultural del judaísmo y optó por especializarse en estudios judíos en París y en Jerusalén.
Esther Seligson
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Autora de una prosa cuidada, se inclinó temprano por el teatro y la poesía. Durante 25 años dio clases de teatro a los alumnos de la UNAM y combinó esa actividad con el ensayo literario y la traducción de obras como las de Emile Cioran y Edmund Jabés.

Admiradora de Julio Castillo y Alejandro Jorodowski, Esther Seligson escribió a menudo de teatro en publicaciones como El Heraldo de México, La Jornada, Proceso, Escénica y Diorama de la cultura.

Cuentan que de niña quiso ser bailarina y más tarde viajera. Su primera afición tuvo que enterrarla ante la oposición de sus padres, pero la segunda se convirtió en una placer que se permitía a sí misma. Por eso estuvo en Portugal, en la India, en el Tibet, en París, Praga y Toledo, como si tuviera que expiar las culpas de su pueblo, visitando los sitios sagrados que le permitían seguir la pista de una cultura en la que ella había nacido y a la que dedicó buena parte de su vida.

Ganadora del premio Xavier Villaurrutia, Esther Seligson es, sin embargo, una autora poco conocida entre los mexicanos, pero esa dificultad se explica también por lo elaborado de su prosa (lee aquí un fragmento de Todo aquí es polvo, su autobiografía).

Hoy me duele la vida como si fuera un tajo
de cuchillo en las muñecas.
Me abruman los hechos de violencia que cunden
el filo de mi propia recóndita agresión.

Con generosidad, cada que volvía de su exilio voluntario en los últimos años, que se dividió entre Portugal y Jerusalén, hacía críticas para autores nuevos o desconocidos.

De sus intereses, resulta curiosa su afición a la mitología griega, al hinduismo y taoísmo, al I Ching y la astrología.

Nacida bajo el signo zodiacal de Escorpión, su avatar en el horóscopo chino era una serpiente y de hecho, solía traer colgado un dije de plata en forma de ofidio que podría haber atemorizado a quienes se le acercaran a no ser por la sonrisa pícara que siempre mantuvo.

Su poesía y parte de su obra ensayística están disponibles en el Fondo de Cultura Económica, donde quienes les interese asomarse a esta inteligente escritora pueden conseguirla. Queda pues la invitación abierta a conocer su obra.
Radiografía para el lunes 15 de febrero
Por Héctor Zamarrón



 
Con Julio Castillo en 1984. Fotos: Rogelio Cuéllar

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