lunes, 11 de octubre de 2010

Liu Xiaobo, un Nobel para la resistencia china

Una imagen de AP de movilizaciones por la liberación de Liu.
 El mismo año que cayó el Muro de Berlín, miles de estudiantes chinos exigían reformas en su país y una apertura negada hasta ahora.

Entre ellos se encontraba un joven profesor de 34 años a quien la rebelión de 1989 había pescado fuera del país, pero que decidió volver e involucrarse con un movimiento que terminó en una masacre, la de la plaza de Tiananmen.

Se trataba de Liu Xiaobo a quien el viernes  la Academia sueca le otorgó el premio Nobel de la paz.

Su nombre es complicado de pronunciar para los occidentales, pero este profesor de pelo al rape, grandes lentes y una frente amplia, lleva más de veinte años como activista en pro de los derechos humanos y desde hace dos años está encarcelado por el crimen de pensar y expresarse.

Aunque de hecho, Liu Xiaobo lleva toda su vida adulta entrando y saliendo de prisión o bajo arresto domiciliario por su lucha por los derechos humanos.

Originario de Changchun, una ciudad de 3.5 millones de habitantes en el noreste de la República Popular de China, Liu Xiaobo estudió en esa ciudad una licenciaura y maestría en literatura que le permitió trasladarse a Biejing, a la Universidad Normal a estudiar un doctorado, que obtuvo cuando tenía 33 años, en 1988.

Esos estudios también fueron su pasaporte hacia el extranjero pues inmediatamente se convirtió en profesor visitante de la Universidad de Columbia, en Nueva York, la de Oslo, Noruega y después la Universidad de Hawai.

En 1989, cuando estallaron los disturbios en Tiananmen, quizá los primeros seguidos en tiempo real por Internet y televisión en todo el mundo, él fue uno de los negociadores que ayudaron a convencer a los estudiantes a dejar la plaza, con lo que se evitó una masacre peor.

Poco más de un año después de esos hechos, al nuevo Nobel de la Paz le cayó su primer encarcelamiento, acusado de “propaganda contrarrevolucionaria”. En 1996 fue condenado a tres años de reeducación y trabajo en campo por alterar el orden público con sus críticas al Partido Comunista.

Cuando lo liberaron, en 1999, fue sólo para mantenerlo vigilado, con sus llamadas monitoreadas y sus visitas controladas.

En 2004 inició un reporte sobre la situación de los derechos humanos en China y la vigilancia en su contra se volvió más asfixiante, hasta que los Juegos Olímpicos de 2007 relajaron las medidas contra los activistas.

En esa época, Liu Xiaobo comenzó a recibir reconocimientos internacionales por su trabajo, entre otros un premio de Reporteros sin Fronteras.

En compañía de su esposa Liu Xia, con la que se casó hace 15 años y quien ahora también sufre arresto domiciliario y está incomunicada, Liu Xiaobo continuó su activismo y 2008 lo encontró a la cabeza de una iniciativa llamada la Carta 08, un manifiesto por el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, difundida en diciembre de ese año, lo volvió a llevar a la cárcel, ahora con una condena a 11 años por subversivo.

Ahora,  a sus 54 años, se enteró del premio dos días más tarde debido al bloqueo y control de la información que existe en China. De inmediato, dedicó el premio a los mártires de Tiananmen pero también de inmediato, el gobierno chino incomunicó a su esposa y la puso bajo arresto domiciliario, así que cuando se entreguen los Nobel, el 10 de diciembre, quizá ninguno de ellos pueda estar presente.

Desde estas latitudes los invito a estar pendientes de la suerte de esta pareja excepcional para al menos, contribuir de esa manera a que su lucha valga más la pena.
Hasta la próxima.


Radiografías para el lunes 11 de octubre de 2010
Por Héctor Zamarrón

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