lunes, 17 de mayo de 2010

Diego Fernández de Cevallos

Personaje indispensable en la política mexicana de fines del siglo
veinte y de la primera década de este siglo. Abogado, panista,
provocador, sanguíneo y hasta retador, así es la personalidad de este
actor de capítulos esenciales en la historia electoral y autor de
innumerables frases y ocurrencias memorables.

Diego Fernández de Cevallos, nacido en el DF hace 69 años, creció y se
educó en Querétaro y Jalisco hasta que volvió a la capital para
estudiar Derecho en la Universidad Iberoamericana primero y después en
la UNAM, donde conoció a su mentor Manuel Gómez Morín, con quien se
afilió al PAN, aun antes de cumplir los 20 años.

Desde 1970 fue candidato a diputado federal e integrante de la
dirección nacional panista hasta que consiguió llegar a la Cámara en
1991, en lo que fue el primer paso que lo llevó a ser candidato
presidencial, senador y de nuevo diputado.

Solterón hasta los 34, padre de tres hijos, es también un católico
convencido, practicante, que se jactaba de haberse casado solo ante la
ley de Dios, lo que sin embargo no le impidió separarse de su mujer
tras 25 años de matrimonio para emprender una nueva relación con una
joven, ex reina de la belleza.

Orador y polemista extraordinario, quedan para la historia sus debates
televisivos como aquel de 1994 en que vapuleó por igual a Ernesto
Zedillo y a Cuauhtémoc Cárdenas, aunque de poco le sirviera en su
campaña.

O aquel que sostuvo con Andrés Manuel López Obrador en el 2000 cuando
intercambiaron acusaciones en el espacio de Primero Noticias, con
Joaquín López Dóriga. Quizá ahí se profundizó esa animadversión que
llevó a Diego Fernández de Cevallos a calificar al tabasqueño de
“germen patógeno” y de ser un “peligro para México”, además de
participar en el armado y difusión de los videoescándalos que
derivaron en el desafuero de López Obrador en 2004.

Famoso por arrogante, solía decir que sólo se humillaba ante Dios, era
sin embargo, encantador con sus conocidos y con los periodistas, a
quienes trataba con amabilidad inesperada en políticos de su tipo.

Personalidad polémica, al fin, el llamado “Jefe Diego” siempre ha
estado involucrado en temas espinosos, lo mismo si se trató de apoyar
al gobierno de Carlos Salinas o de quemar las boletas electorales de
la elección presidencial de 1998, que de recibir unos valiosos
terrenos en Punta Diamante o de promover la construcción de una
carretera para su nuevo amor.

Hábil abogado, su bufete venció en litigios multimillonarios al
gobierno como en el caso de Jugos del Valle, pero que también le
valieron acusaciones de caer en conflictos de intereses y tráfico de
influencias.

Para algunos, Fernández de Cevallos encarna la representación del mal,
del adversario, de lo peor de la política mexicana. Para otros, es un
artífice de la democracia, sin el cual no podría entenderse la
transición mexicana. Para mí, ha sido un político hábil con quien no
comparto principios, que se ubica en el extremo opuesto de mis
preferencias ideológicas, pero a quien respeto porque defiende sus
principios con una firmeza envidiable.

Hoy, cuando su destino es incierto, confiemos en que aparezca sano y salvo.



Radiografías para el lunes 17 de mayo
por Héctor Zamarrón





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