lunes, 12 de abril de 2010

Carlos Monsiváis


Siempre ha sido un hombre a unas gruesas gafas de concha pegado. Con su frente amplia y su escaso pelo suelto, despeinado por el aire o quizá por la intensa actividad cerebral, Carlos Monsiváis es inconfundible. Su mandíbula recia y sus grandes cachetes le dan un aspecto peculiar y popular a la vez, al grado de ser uno de los pocos escritores mexicanos que todo el mundo conoce.

Hoy está hospitalizado por una enfermedad pulmonar que a sus 73 años lo tiene contra las cuerdas por primera vez. Él que tan afecto es a la lucha libre, ahora le toca pelear a muerte con la muerte, esperemos que la derrote.

Carlos Monsiváis no tiene ideas, tiene ocurrencias, dijo una vez Octavio Paz, con quien sostuvo encendidas y agrias polémicas, pero en su sentencia el poeta dejaba ver a lo mejor la envidia por la amplitud de intereses y la variedad de los temas en los que siempre se ha metido el hijo pródigo de la Portales.

De hecho, su ubicuidad es tal que llevó a los creadores de una revista a promover sus contenidos con una leyenda que decía: “La única revista en la que no escribe Monsiváis”.

Autor de prólogos, introducciones, guiones de película, biografías, aforismos, artículos de prensa, críticas, ensayos y, sobre todo, crónicas, grandes crónicas que le ganaron decenas de premios a lo largo de su vida, esa misma universalidad llevó a José Emilio Pacheco a declarar que “Carlos Monsiváis es en sí mismo un nuevo género literario”.

Tan prolífico es en su escritura como en sus colecciones que llevaron a fundar un museo, el del Estanquillo, para exhibir sus juguetes, carteles, cartones y caricaturas reunidas a lo largo de su vida y que puede visitarse en el centro de la Ciudad de México, en la esquina de Isabel la Católica y Madero.

Monsiváis nació en la colonia Portales en 1938 y ahí sigue viviendo, rodeado de 13 gatos inseparables. Forma parte de la generación de medio siglo y a lo largo de su vida ha compartido su tiempo entre la escritura incesante de sus textos, las conferencias que imparte y, sobre todo, en asistir a cuanto ocurre de nuevo en la sociedad: marchas, exposiciones, conciertos, grabaciones, sesiones en la cámara de diputados, acompañado de un largo etcétera. Por eso Juan Villoro suele decir que “es como un turista japonés que llega antes que tú a todas partes”.

Crítico del establishment, del autoritarismo, de los conservadores, del poder, sus recopilaciones sólo muestran una parte de la enorme cantidad de textos que ha prodigado a lo largo de su vida.

Lectura obligada para quienes estudian humanidades o ciencias sociales, algunos de sus texto más conocidos y famosos son Días de guardarAmor perdidoEscenas de pudor y liviandadLos rituales del caos y A ustedes les consta.

Un buen homenaje entonces, para este enorme escritor que hoy convalece y al que deseamos recupere pronto la salu será leer o releer sus libros, con esa invitación termino. Hasta la próxima.
Radiografía para el lunes 12 de abril
por Héctor Zamarrón


Posdata
Finalmente perdió la lucha.
Un 19 de junio muy presente tengo yo/en un barrio del DF Carlos Monsiváis murió... 
Hizo falta ver a Juanga en Bellas Artes

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