lunes, 15 de noviembre de 2010

Eufrosina y su revolución de los alcatraces

Foto: Inter Press Service
Pasaron 500 años desde que Quiegolani fue gobernado por Mazorca Blanca, una joven indígena que construyó la primera casa de paja, que unió al pueblo entonces disperso. Ahora, es un alcatraz, blanco por supuesto, el que vuelve para gobernar no sólo esa comunidad de mil 506 habitantes, sino el estado entero desde la mesa directiva de la Cámara de Diputados de Oaxaca.

Es una joven de 27 año de edad, cuyos apellidos Cruz Mendoza son menos conocidos que su nombre de pila: Eufrosina, un nombre sonoro, igual que el su pueblo, que remite a un cuerpo celeste.

Su historia se difundió en México y el mundo entero por simbolizar la injusticia que una mujer puede enfrentar, por representar el doble pecado que significa ser mujer e indígena en Oaxaca en pleno siglo XXI.

Era la primera mujer en pretender gobernar a su pueblo, ahora es la primera mujer que preside la Cámara de Diputados de Oaxaca en un siglo. La diferencia fue abismal con lo ocurrido hace tres años, cuando se inscribió para luchar por la alcaldía de Quiego, como le dicen los lugareños a Santa María Quiegolani, un pueblo zapoteco de la sierra sur del estado, sin carreteras y ubicado a 12 horas de la capital.

Esa vez le negaron el derecho a participar por ser mujer y profesionista, sólo que ella y sus compañeros no se frenaron. Buscaron denunciar su caso ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos y ante los medios de comunicación, buscaron soñar con los ojos abiertos.

"A veces sueño que detrás de los cerros que forman una corona de espinas en torno a Quiegolani, se enciende un gran faro de esperanza que ilumina cada rincón de mi tierra y que hace florecer millones de alcatraces blancos, como sonrisas de niños corriendo alrededor de los sabinos... pero por más que intento no lo veo, se pierde o se esconde. Muchas veces he estado a punto de alcanzarlo, pero se escapa, se desvanece".    

Así describe Eufrosina su deseo de florecer en su pueblo, en su estado y que a fuerza de insistir, la llevó ya mucho más allá de lo que imaginaba.

A los 11 años su futuro era el de las indígenas zapotecas de su pueblo: cocinar y criar niños, levantarse de madrugada para acarrear leña, preparar el nixtamal, las tortillas y así todos los días de su vida, como rueda de molino. Ella se rebeló. Se marchó del pueblo, aprendió a hablar español, estudió y logró terminar la universidad antes de volver a  Santa María Quiegolani a tratar de cambiar la vida de otras mujeres.

Lo hizo, su historia, ejemplar en muchos sentidos, le sirvió para crear una asociación civil que busca mejorar las condiciones de vida de las mujeres e impulsar su participación en la vida pública. Se llama Quiego, por su pueblo, y desde ahí imparten talleres de derechos humanos, derechos de la mujer, derechos reproductivos, capacitación, proyectos productivos y en suma, para empoderar a las mujeres.

En su haber puede contar  también la reforma a las leyes de Oaxaca que garantizan el derecho de las mujeres a votar y ser votadas y castiga la inobservancia del mismo.

En las elecciones de julio participó como candidata del PAN a diputada local por su distrito en Oaxaca y ganó. El fin de semana tomó protesta como presidenta del Congreso local por mayoría abrumadora. Su camino ha sido difícil, pero en realidad apenas empieza, o eso queremos.

Para terminar, nada mejor que sus propias palabras, las que pronunció en zapoteco, al tomar posesión de su cargo: "Va por Oaxaca, va por las comunidades, va por los que amamos".

Hasta la próxima.
Radiografías para el lunes 15 de noviembre de 2010
por Héctor Zamarrón

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