lunes, 7 de septiembre de 2009

Cristhian Poveda

Al fotógrafo y documentalista Christian Poveda lo alcanzó el destino y murió como uno de sus personajes, porque como ellos, su vida estuvo hecha de realidades descarnadas, no con la literatura, sino con el periodismo, ese periodismo duro y frío para registrar lo que pasa en el mundo, pero comprometido al grado de compartir la suerte de sus propios objetos de cobertura.

Cristhian Poveda nació en Argelia en 1955 y murió en El Salvador la semana pasada, el martes 2 de septiembre.

Tenía cinco años viviendo en San Salvador, pero más de dos décadas amarrado a los destinos de esa nación, sobre todo, a los jóvenes pandilleros que conoció, con quienes convivió y compartió una historia de solidaridad y cuyas desenfrenadas existencias retrató en ese documental que ya se exhibió en México en algunos foros: La vida loca, pero cuyo estreno comercial estaba planeado para octubre y para a fines de este mes en París.

La vida loca es un crudo retrato de la vida de esos clanes de adolescentes y jóvenes más conocidos con el genérico de los Mara Salvatrucha, aunque ese apelativo sólo denomine a una parte del universo inspirado en las pandillas de Los Angeles y el de Poveda haya sido más bien el de la M18, los dieciocheros, una pandilla que lo acogió y le permitió grabar sus vidas y mostrarlas al mundo.

Su primera vez en El Salvador fue en plena guerra civil, en 1982, para documentar la insurgencia contra la dictadura y sus otras coberturas fueron parecidas. Su manera de ver el mundo lo llevó a documentar la lucha del frente Polisario en el Sahara, los conflictos en Líbano, Irak e Irán. En Latinoamérica cubrió además de El Salvador, los conflictos en Honduras, la represión a los Misquitos en Nicaragua, Guatemala y estuvo lo mismo en la guerra de las Malvinas, que en la represión de los mineros en Bolivia, así como se movió luego a Filipinas a cubrir la caída de Fernado Marcos y el ascenso de Corazón Aquino.

De un lado a otro fue con cámara en mano buscando retratar lo que le pasa a la gente, lo mismo si se trataba de África que de España o México, donde acababa de estar apenas hace unos días, la semana anterior a su muerte, para dar un curso de fotoperiodismo en San Luis Potosí. Siempre, lindando con la guerra, pues finalmente desde que nació profesionalmente fue corresponsal de guerra y cubrió prácticamente todos los conflictos bélicos de los últimos 25 años del siglo pasado, hasta que regresó a San Salvador y ahí se ancló.

Su historia está llena de claroscuros, de épocas conviviendo lo mismo con la muerte que con los reconocimientos y premios que recibió a lo largo de su vida, una vida truncada justo cuando iniciaba otra etapa profesional.

Ahora, queda para nosotros el asomarnos a su trabajo, lo mismo sea asistiendo al estreno de su documental que indagando por esos jóvenes salvadoreños retratados por él y que expresan lo mismo que los jóvenes en nuestro país, una rebelión violenta contra la desigualdad que sufren.Cristhian Poveda murió quizá cuando aún no le tocaba, pero como él mismo escribió en su blog, en febrero de este año, citando al fundador del diario La Reppublica: El periodismo es un oficio cruel. ¿O ustedes qué opinan? Hasta la próxima.

RADIOgrafías/ lunes 7 de septiembre de 2009

Por Héctor Zamarrón

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